Llegué al mundo entre un lago y varias montañas.
Recorrí el tiempo de mi infancia corriendo en patas por las
piedras del Nahuel Huapi, adoptando renacuajos para verlos convertirse en
ranas, haciendo esculturas con arcilla raspada de las piedras, cocinando flanes,
actuando en todas las obras del colegio que podía, grabando programas de radio
en un walkman y publicidades en una cámara que era más grande que mi cabeza.
No puedo dejar afuera aquella canción de amor que compuse (sin
saber ni una nota musical) y que aún hoy, con ternura y vergüenza canto cada
tanto.
Enamorada de silvester stalone, soñaba con actuar bajo el
mando de cris morena, para correr en esa escalera de piano y conocer por fin la
ventanita de los sueños donde se verían mis deseos plasmados, previamente
escritos en un cuaderno gigante lleno de plumas.
De noche me dormía haciendo fuerza para soñar que, como Sabrina
la bruja adolescente, me salía magia del dedo y convertía a las personas en cosas
más lindas.
Tenía miedo de la dama de blanco, el chupa cabras, de los espíritus
que invocábamos con mis compañeros de la primaria y de mi hermano .
Si me preguntaban a los 6 años que quería ser, decía que
domadora de delfines.
Si me preguntaban a los 7 decía que trapecista
A los 8 contestaba que cantante
A los 9 que bailarina
A los 10 que cocinera
Y a los 11 me di cuenta que la única forma de ser todo eso
al mismo tiempo era siendo actriz, así que me anoté en las clases de teatro del
colegio.
Como es de esperar, a los 13 me agarro la pubertad en su
pozo de disconformidad y preferí no ser ni hacer nada de eso. Así que dedique
mis años de tetas cono y primeras depiladas con cera, a juntar muchos
desamores, amores, e imposibles. Y ordenar los melodramas en algo que fuese
como poesía.
Si tenía que elegir entre hacer y no hacer en la escuela,
siempre prefería no hacer. Así que todos mis diciembres eran de estudiar todo
lo que no había hecho durante el año, pero como le prometí a mis papás “nunca
repetí”.
El fin del ciclo lectivo, me empujo con su viento de
progreso a córdoba, a estudiar una carrera que elegí solo por tener un título
piola.
3 meses duré.
“Mamá, Papá, no quiero ir más a la universidad de negocios, voy
a seguir mis sueños. Quiero ser artista”.
Teatro, Danza clásica, Comedia musical, Canto, Violín,
Sommelier, y mi hermano preguntándome que carajo voy a hacer de mi vida.
Distintos acontecimientos de la vida y la muerte hicieron
que mis viejos me banquen siempre en todas, así que ahí fui.
Me la jugué por el teatro que había dejado ahí atrás, y lo
transité, hasta que un día me di cuenta que mis objetivos eran inalcanzables si
no me desnudaba ante mí misma, y que la armadura de hierro todavía no se había
oxidado.
Cambio, y fuera por un tiempo.
Se cruzó la naturaleza, la no muerte animal, lo orgánico, Monsanto,
los parásitos, y los animales de poder.
Mi espíritu me llevo a un palacio en el cual una voz me
preguntó "lo que estás haciendo, lo haces desde tu ego o desde tu alma?"
De ahí la fuerza empezó a salir desde otro lado y me rendí (después
de luchar con lágrimas mocos y piñas contra mis expectativas mal fundadas) a lo
que la vida me traía maravillosamente, amor, personas, maestros, alimentos,
arte del sincero, y esta escritura que me lleva en una montaña rusa de
sensaciones que ni te la cuento.
Ahora emprendo un nuevo viaje, saltando en blanco hacia la aventura que esta vida me propone.
No sé de qué se va a tejer la historia inmediata, pero este blog será testigo de las andanzas de una piba que se pregunta, de que están hechos los sueños que la trajeron hasta acá (Italia).
Aleluya.

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