viernes, 20 de febrero de 2015

desdelinicio

Llegué al mundo entre un lago y varias montañas.
Recorrí el tiempo de mi infancia corriendo en patas por las piedras del Nahuel Huapi, adoptando renacuajos para verlos convertirse en ranas, haciendo esculturas con arcilla raspada de las piedras, cocinando flanes, actuando en todas las obras del colegio que podía, grabando programas de radio en un walkman y publicidades en una cámara que era más grande que mi cabeza.
No puedo dejar afuera aquella canción de amor que compuse (sin saber ni una nota musical) y que aún hoy, con ternura y vergüenza canto cada tanto.
Enamorada de silvester stalone, soñaba con actuar bajo el mando de cris morena, para correr en esa escalera de piano y conocer por fin la ventanita de los sueños donde se verían mis deseos plasmados, previamente escritos en un cuaderno gigante lleno de plumas.
De noche me dormía haciendo fuerza para soñar que, como Sabrina la bruja adolescente, me salía magia del dedo y convertía a las personas en cosas más lindas.
Tenía miedo de la dama de blanco, el chupa cabras, de los espíritus que invocábamos con mis compañeros de la primaria y de mi hermano .
Si me preguntaban a los 6 años que quería ser, decía que domadora de delfines.
Si me preguntaban a los 7 decía que trapecista
A los 8 contestaba que cantante
A los 9 que bailarina
A los 10 que cocinera
Y a los 11 me di cuenta que la única forma de ser todo eso al mismo tiempo era siendo actriz, así que me anoté en las clases de teatro del colegio.
Como es de esperar, a los 13 me agarro la pubertad en su pozo de disconformidad y preferí no ser ni hacer nada de eso. Así que dedique mis años de tetas cono y primeras depiladas con cera, a juntar muchos desamores, amores, e imposibles. Y ordenar los melodramas en algo que fuese como poesía.
Si tenía que elegir entre hacer y no hacer en la escuela, siempre prefería no hacer. Así que todos mis diciembres eran de estudiar todo lo que no había hecho durante el año, pero como le prometí a mis papás “nunca repetí”.
El fin del ciclo lectivo, me empujo con su viento de progreso a córdoba, a estudiar una carrera que elegí solo por tener un título piola.
3 meses duré.
“Mamá, Papá, no quiero ir más a la universidad de negocios, voy a seguir mis sueños. Quiero ser artista”.
Teatro, Danza clásica, Comedia musical, Canto, Violín, Sommelier, y mi hermano preguntándome que carajo voy a hacer de mi vida.
Distintos acontecimientos de la vida y la muerte hicieron que mis viejos me banquen siempre en todas, así que ahí fui.
Me la jugué por el teatro que había dejado ahí atrás, y lo transité, hasta que un día me di cuenta que mis objetivos eran inalcanzables si no me desnudaba ante mí misma, y que la armadura de hierro todavía no se había oxidado.
Cambio, y fuera por un tiempo.
Se cruzó la naturaleza, la no muerte animal, lo orgánico, Monsanto, los parásitos, y los animales de poder.
Mi espíritu me llevo a un palacio en el cual una voz me preguntó "lo que estás haciendo, lo haces desde tu ego o desde tu alma?"
De ahí la fuerza empezó a salir desde otro lado y me rendí (después de luchar con lágrimas mocos y piñas contra mis expectativas mal fundadas) a lo que la vida me traía maravillosamente, amor, personas, maestros, alimentos, arte del sincero, y esta escritura que me lleva en una montaña rusa de sensaciones que ni te la cuento.

Ahora emprendo un nuevo viaje, saltando en blanco hacia la aventura que esta vida me propone.          
No sé de qué se va a tejer la historia inmediata, pero este blog será testigo de las andanzas de una piba que se pregunta, de que están hechos los sueños que la trajeron hasta acá (Italia).

Aleluya.